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martes, 25 de agosto de 2009

Y no paro de buscarme más y doy vueltas y pienso sin parar
y me miro en el espejo despacito,
me analizo y me enfado otra vez conmigo
y me digo "anda ya mujé"
si tó tiene solución menos la muerte.
Y me levanto mu segura
y me echo a llorar como una niña oscura.

"Ya no me divierto" pienso algunos días
y al otro día no hay sol que me acueste
me echo a correr buscando no sé qué
pensando que tal vez es posible reponerse.

"Ya no me divierto" pienso algunos días
y al otro día no hay sol que me acueste
me echo a correr buscando no sé qué
pensando que tal vez es posible reponerse.

Y yo mientras busco me busco y no me encuentro
yo busco me busco y no me encuentro
y busco me busco y no me encuentro
y yo busco me busco y me busco...

lunes, 24 de agosto de 2009

¿donde estabas cuando mi voz se hacia tan pequeña
que no salia y se ahogaba en una habitacion
o dentro de mi?
¿Donde estabas cuando dormias a mi lado y yo no podia dormir?
¿Donde estabas cuando te escuchaba palabras que no creias ni tu?
Entre tanta mierda, dime, ¿donde estabas tu?

Él se enamoró de sus ojos. "Tienen un brillo especial" decía.
Ella soñaba con un príncipe azul, con el siglo XIX y serenatas nocturnas.
No sabía que los príncipes no son azules ni son príncipes.
Ella no sabía nada.
Se enamoró de sus palabras, del extraño deje de su voz.
Le dio todo, y no quiso pedir nada a cambio por miedo a que él la dejara.
Guardaba las decepciones en un cajón, y se repetía a sí misma que no le importaba.
Se arrastraba mendigando amor y se decía que él lo hacía por su bien.
Se odiaba a sí misma por llorar, pero su odio hacia sí misma aumentaba su llanto.
Y él no lo sabía. No sabía nada.
Sólo veía ojos brillantes.
No sabía que sus ojos brillaban por las lágrimas reprimidas. No sabía nada.
Pronto, cuando no hubo más que entregar, él dejó de decirle cosas bonitas.
En el fondo de su corazón ella sabía que la despreciaba.
Pero por no reconocerlo, encadenaba esas ideas y no las dejaba salir a la superficie.
"Es por mi bien" se repetía una y otra vez, lloraba y lloraba, pero no se lo decía a él porque se enfadaría.
Cuando se le entregaba, cerraba los ojos para huir del mundo. Se convertía en un cadáver cálido y palpitante.
Y él se enfadaba. "Mírame" le ordenaba. "Quiero que me mires".
Pero ella no obedecía. Era un cadáver, cálido y palpitante.
Sus ojos ya no brillaban. No querían brillar. Y ella ya no soñaba con príncipes.
Sólo lloraba.
Él se fue. Si sus ojos no brillaban, no había razón para permanecer con ella, le dijo.
Y ella lloró. Lloró más que nunca. Porque no quería vivir con él, pero no podía vivir sin él.
Recorría las calles, buscándole, como un alma en pena.
Un día le encontró. Llevaba colgada de su brazo a una joven, apenas una niña. Le brillaban los ojos, y él le decía cosas bonitas.
Ella no dijo nada. Él no la vio.
Volvió a casa. Y se sentó en el suelo a contemplar la lluvia que caía de sus ojos.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Tampoco esto me sorprende. Mejor así, incluso. Soy tan débil que si hubieras aparecido no hubiera sabido si abofetearte o arrojarme a tus brazos. Llega un punto en el que ya no puedo recuperar la cordura. No sé si estoy mejor contigo o sin ti. Ya incluso imagino tu olor, te busco por los rincones, te veo en mi ropa, en mi cama, en los platos, el sofá, el jardín...

martes, 18 de agosto de 2009

No sé por qué sigo esperándote, con el móvil en la mano como si lo tuviera pegado. Es bastante patético. Y sin embargo, no puedo evitarlo. No sé por qué miro por la ventana cada cinco segundos, no sé por qué toco la misma canción al piano, no sé por qué la luz me duele, no sé por qué intento sobrevivir.

Ya no sé si sé sentir
Otra vez. ¿Es esto lo que me espera? No le encuentro ningún sentido, porque realmente no lo tiene. Y aún así sigo con el teléfono en la mano, menuda gilipollas que soy, esperando que me llames. O que aparezcas en mi puerta. Cualquier cosa. ¿Tan difícil te resulta de entender? Seria capaz de odiarte, de alejarte de mi, si con ello pudiera sobrevivir. Ya ves, no somos más que animales. Instintos de supervivencia. Y no sé si estoy dispuesta a seguir con esto.

miércoles, 12 de agosto de 2009

No quiero pensar

Y sin embargo pienso.

¿No es frustrante no poder controlarnos a nosotros mismos?

sábado, 8 de agosto de 2009

Y por qué no, qué más dará ya

No sé por qué sigo con el telefono en la mano, esperando que me llames para disculparte.
No sé por qué aún pienso que en cualquier momento sonará el timbre y aparecerás para abrazarme y pedirme perdón a besos.
No sé qué sentido tiene escribir estas lineas que nadie lee, y todavía menos tú, si no es para removerme las entrañas y hacer brotar más lágrimas.
No sé si es el final.
No sé si sigo viva o he muerto.

Ya no sé nada