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martes, 30 de noviembre de 2010

Orange flavour tea

Como Jon Nieve, no sabes nada. Intuyes que huyo, y en realidad tienes razón. Huyo de ti. Desesperadamente. Pero no creas que lo hago porque me molestas, porque me inspiras algún tipo de aversión. Huyo por una razón mucho más simple, que inspira muchos de nuestros actos. Supervivencia. Porque he construido una muralla alrededor de lo vulnerable que hay en mí para que no puedas ver mis sentimientos, para no ofenderte con ellos. Pero aún así tú la vas derrumbando poco a poco sin advertirlo, resquebrajando los sillares y convirtiéndolos en polvo gris. Y es por eso por lo que huyo, porque no quiero que veas, que recuerdes lo que siento. Porque no es algo que haya elegido, ni que me produzca ningún tipo de felicidad. En resumen, que hay días en los que me cuesta aún más ser tu amiga, sabiendo que en realidad no lo soy. Porque los amigos no sienten lo que yo siento, ni sueñan lo que yo sueño, ni anhelan lo que yo anhelo.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Emotional landscapes

Mientras las hojas caen, yo digo que el tiempo no existe. Digo que si me miras, el mundo se detiene. Lo digo, pero no es verdad, aunque mi corazón piense que sí y deje de latir durante unos momentos. Y cuando se reanuda su palpitar, sólo puedo preguntarme mil y una cosas, todas a la vez. Cómo se sentirán mis dedos entretejidos en tu pelo. Si realmente tiene el tacto que imagino. Si tu olor me invadirá entera, embriagándome en un delirio efímero. Si el azul de tus ojos es de mar, de cielo o de hielo. Ya ves, como si existiera alguna posibilidad de averiguarlo.

Estrellas fugaces

Las más hermosas que jamás había visto. Y no sabía (ni sé) por qué, pero me estabas abrazando. De repente me miraste y, como si fuera producto de algún astro caprichoso, hiciste realidad mi único deseo. Y pensarás qué tiene de malo eso. Y te diré que, obviamente, es que era un sueño. Y nunca será más que eso.