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sábado, 26 de marzo de 2011

Alfar romano de Cartuja. Día 1

He de reconocer que, mientras tomaba la salida de Méndez Núñez y subía por Severo Ochoa con el coche de camino a la facultad, tenía miedo. Miedo a sentirme decepcionada. Porque una cosa es, desde la ignorancia, afirmar que la arqueología es mi vocación, pero ¿Y si después de mi primera experiencia sobre el terreno descubría que no me satisfacía, que realmente no era eso a lo que quería dedicar mi vida? Cosas del destino, pillé en verde los semáforos de la cuesta de las cervezas Alhambra (un milagro), y bordeé todas las facultades de camino a la mía, reduciendo un poco la velocidad a la altura de Teología para echar un vistazo al área del yacimiento, que queda justo enfrente. Aparqué algo más allá de la puerta principal, y me quedé unos minutos haciendo tiempo en el coche, escuchando la radio, porque aún quedaba como media hora hasta las 16:00.
Salí del coche, cogí la mochila con el agua, las gafas de sol, los dos pares de guantes y el sombrero, y eché a andar, nerviosa como sólo yo puedo estarlo. Decidí sentarme en el pasillo que hay justo enfrente de la puerta del departamento, y me puse a leer un artículo sobre el arte esquemático alicantino para que pasara el tiempo algo más rápido. Al poco llegó Cristina, y con la charla dieron por fin las cuatro. Elena salió del Departamento sonriente (como siempre) y la seguimos todos como patitos hasta el almacén, de donde sacó unos capachos, palustras de varios tamaños, cepillos, recogedores y picos. Como dijo uno de los compañeros, parecíamos más una cuadrilla de obra que arqueólogos.
Cada uno cogimos lo que pudimos, y Elena y su "ayudante" Mario cogieron el nivel y los cacharros de topografía, algo más delicados, antes de ponernos en marcha hacia el yacimiento, unos pocos andando y el resto con los coches. Una vez allí, y después de que los vigilantes nos abrieran la verja, Elena nos dividió en grupos de cuatro y nos asignó un sector del yacimiento a cada uno para limpiarlo y quitar todas las hierbas, matojos y piedras que pudieran estorbar para el dibujo o la propia excavación.
Cristina y yo, al final, nos quedamos solas con el área del Horno 10 (que es el más interesante, porque aún conserva parte de la parrilla), aunque al rato se nos unieron Cayetano y Armando, el arquitecto. Al principio nos pusimos a trabajar con ahínco, arrancando las matas de raíz, pero después de una hora estábamos ya hasta tiradas encima de la tierra, hechas trizas, mientras Mario venía de vez en cuando y nos regañaba porque "éramos un desastre como equipo" porque no nos organizábamos para limpiar todos en línea recta, aunque con cariño y de buen humor, claro.
Como nuestro grupo fue el último en ir con Elena a aprender a usar el nivel, fuimos los que estuvimos más tiempo seguido trabajando, y eso se notaba. Llegó un punto en el que, cuando me tocó ir a vaciar el capacho detrás de los cipreses, sentía las rodillas de gelatina, y temía ir a caerme yo también por el barranco junto con la tierra y los matojos. Sin embargo, hubo un par de momentos bastante graciosos, como cuando Cristina pegó un grito al salirle un escarabajo de repente de un agujero en el muro, o como cuando me salió un asa de una pieza de cerámica común justo al lado de una tégula que estaba limpiando, y Mario me acusó de "ponerme a sacar tesoros ocultos" riéndose.
Ya sobre las 18:00 o así, nos tocó ir con Elena a trastear los aparatos para calcular la profundidad y el nivel de los objetos, y nos lo pasamos bastante bien intentando descifrar las marcas de la vara del nivel y peleándonos con la máquina para enfocar justo el punto que queríamos sin torcer el aparato, moviendo la rueda que era y mirando la cruceta correcta en el visor.
A y media empezamos ya a recoger y a subir del yacimiento, todos llenos de polvo y hojitas secas, y nos organizamos para ver quién llevaba las herramientas al almacén y quién las iba a traer el próximo viernes (que me tocó al final a mí). Como tenía el coche arriba en la facultad, me tocó subir andando hasta allí, y después de meterme ya en el coche y beberme una botella entera de agua, me fui para casa con la sensación de que, a pesar de tener los dedos entumecidos y llenos de cortes de arrancar las plantas, a pesar de la tierra en los ojos, la nariz, la boca y el pelo, a pesar de llevar la ropa completamente marrón, esto es lo que quiero, y lo que hace que me sienta realizada.

PD: Definitivamente, se nota que no estoy acostumbrada al ejercicio físico. Hoy estoy que no puedo mover ni un dedo, peeeeero me da igual, estoy deseando que llegue el próximo viernes :)

domingo, 20 de marzo de 2011

Maldita dulzura

 
"Ya sabes, se desmoronó. Al fin y al cabo, tenía que pasar algún día, ya era raro que llevara una semana estable. Pero aun así fue muy descortés de su parte presentársela así, remarcando las diferencias entre las dos como si le dijera que no hubiera tenido nada que hacer de todos modos. Fue cruel, en realidad. O quizá sólo fue un despiste, algo inconsciente, y no a maldad, como suele decirse. En cualquier caso, aquello la destrozó. Ahora cree que el tiempo no cambia nada, quiere huir, abandonar, desaparecer. Mírala. Es un desecho humano, un verdadero despojo. Es lo que tiene, ¿no? la infelicidad no puede hacerte más que daño."

viernes, 11 de marzo de 2011

Run away, run away, run away

but I might just dare to say... that I love you...

NO. NO. NO, NO Y NO. No te engañes, nena, no vayas a empezar como siempre, que dos conversaciones no os convierten en almas gemelas. Tranquilízate, respira hondo y piénsalo, racionalmente. Y, hazme un favor, al menos finge que estás atenta en clase, que un día de estos vas a conseguir que te echen, o que te descoyuntes el cuello con la cosa de mirar al lado.

miércoles, 9 de marzo de 2011

My imagination run away

Ese pictograma ancestral que me atormenta y llevo siempre presente (rodeando mi muñeca izquierda). Eso es lo que llevas alrededor, sobre la frente, en la nuca, la mandíbula inferior. Esa forma que hipnotiza con su brillo de madera pulida, como tus ojos de avellana.  Hey, now, sonríeme de nuevo y dime entre susurros lo que quieras, que de todas formas no te voy a oír, que me tienes subyugada con tus manos de pianista. Y si no me hablas, yo te soñaré igualmente, de mil maneras, y acabaré conociéndote igual.

I don't mind repeating I am not complete
I have never been the gifted type
Hey man tell me something are you off to somewhere?
Do you want to go with me tonight?

sábado, 5 de marzo de 2011

Me muero. No en sentido estricto, claro, hablo en un sentido metafórico. Es esa sensación que a veces te invade y te dice "Oye chica, que se te acaba el tiempo, que cada segundo que pasa dejas un poco de ser tú misma y te encaminas un paso más hacia la tumba". Y sí, es cierto, el tiempo pasa. Demasiado rápido, supongo. Poco a poco me doy cuenta de que no hay tiempo en una vida para hacer todo lo que quisiera (y además tampoco estoy muy segura de que fuera capaz de conseguirlo).
Por otro lado, estoy hastiada de estos jueguecitos que no avanzan, de la espera y de no saber si hay algo bajo la superficie porque las prospecciones no han dado ningún dato concluyente.