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viernes, 15 de julio de 2011

Last night was a truly, was a killing, was a damned good time



Conversación de historiadoras regada con vodka con mora, o mora con vodka, lo que se prefiera:

-Eh, esto es 30 Seconds to Mars, ¿no?
-Sí sí, creo que sí
-Uf, ¿Has visto alguna vez al cantante, Jared Leto? Es tan sumamente...
-...¿follable?
-Exactamente. Creo que ahora tiene el pelo rosa.
-Genial. Creo que tengo un problema con los cantantes famosos de pelo rosa.
-Cariño, no estás sola. Yo tengo un problema con los pelirrojos, los tíos de pelo rizado, con el pelo largo, rubios, con aros en las orejas, tatuados, de pelo negro liso,...
-No, perdona, tú lo que tienes es un problema con los tíos en general
-Mierda, es cierto. Soy una jodida enferma

miércoles, 13 de julio de 2011

End

Por fin soy libre, ya se ha acabado este mes de pesadilla y, pase lo que pase, para mí ya han empezado las vacaciones. Ya he tirado los apuntes inútiles y guardado el resto, ya he limpiado mi cuarto, que parecía un cubil de Pachycrocuta Brevirrostris, y ahora a descansar... La semana que viene me voy a la Dordoña, Bretaña y Normandía, a ver cuevas y cacharros viejos, y cuando vuelva a principios de agosto, me voy otra vez por ahí, a Capellades y la Noguera, a excavar. La verdad es que tengo muchas ganas, a ver si sale todo como espero y aprovecho lo que he aprendido este año en el alfar para aplicarlo allí.

martes, 5 de julio de 2011

Esta es una historia típica de “chica conoce a chico”, pero siento decir que no acaba como las historias típicas, de hecho no acaba de ninguna manera. La chica en cuestión, un bicho raro como la que más, siempre tuvo una suerte ínfima para todo y una habilidad nula para hacerse entender de una manera que no fuera con relatos crípticos plagados de metáforas o con gestos y miradas que nadie entendía. Le gustaba coleccionar cosas: Libros, conchas, plumas, palabras, pero a cambio tuvo que renunciar a coleccionar amigos, es simple, no se le daba bien relacionarse con la gente por su propia inseguridad, por miedo, cobardía o pura misantropía, qué se yo. Tras casi 20 años no había conseguido ni siquiera definir su propia personalidad, que fluctuaba entre la de una sociópata sin moral y la de una especie de cosa extraña mística con ínfulas de activista por los derechos de toda clase de criaturas desvalidas e indefensas. Pero sobre todo se sentía sola. Como dicen las canciones, pero sin la parte bella, sólo lo de la tristeza y ese tipo de cosas.
Y llegamos al principio de la historia, una noche como otra cualquiera en un sitio sin nombre (aunque en verdad lo tiene, pero no viene al caso). Y, ¡paf! Aparece el chico en escena, sin nada digno de mención o especial, pero eso en estas ocasiones no importa. Puedes decir lo que quieras, pero estaba escrito, decidido por alguna fuerza superior y establecido que la chica que soñaba con espirales tenía que encontrarse con ese chico aquella noche. Y así fue. No fue un encuentro especial, no hubo chispazos, flechazos, rayos ni centellas, pero sí que ambos notaron cierto… lazo, o al menos ella así lo creía. De todas maneras, su opinión no era tampoco muy fiable, solía estar ida de este mundo la mitad del tiempo, y la otra mitad prestaba demasiada atención a lo que podía deducirse de los hechos que a los acontecimientos en sí.
En cualquier caso, la asociación entre ambos estaba hecha, y ella decidió que ya era hora de ponerse manos a la obra e intentar llevarse al chico a su terreno, el de la imaginación, lo inmediato, todo lo que defienden esos filósofos que se llaman a sí mismos positivistas y que el resto del mundo llama “esa panda de locos que se meten psicotrópicos y hacen poemas con palabras elegidas al azar”. El caso es que sí, ella intentó por todos los medios que estaban a su alcance (y también los que no) que el vínculo entre ambos siguiera su curso y se fortaleciera un poco al menos, tampoco con una intención determinada, ella creía que potencialmente el chico podía llegar a ser algo interesante, y sentía curiosidad.
Sin embargo, en sus avances se topó con una resistencia por parte del chico que no por pasiva resultaba menos irritante. Y eso la enervaba. A ratos no sabía si quería seguir hablando con él, mandarlo a Siberia de una patada o gritarle literalmente que estaba ciego o era imbécil, pero al final no hacía nada por vergüenza, miedo o lástima, y así pasaban los meses. En cierto modo, la chica dejó pasar algunas oportunidades, o eso se decía a sí misma, porque pensaba que podía haber alguna posibilidad con el chico aquel que la enervaba tanto, pero lo más probable es que nunca hubiera hecho nada con esas otras potenciales oportunidades, por las mismas razones por las que no era capaz de sincerarse del todo con nadie, por miedo.


Finalmente, hastiada, pasaba periodos en los que se convencía de que no merecía la pena y cortaba cualquier contacto hasta que echaba de menos en cierto modo las risas y las incoherencias y volvía a restablecer la comunicación, de una manera quizá más amable para compensar sus posibles excesos de bordería. Fácilmente podía pasar del “lo adoro profundamente” al “lo odio profundamente y por mí puede irse a donde mejor le parezca” sin término medio. Intentaba mandarle mensajes encriptados dentro de canciones por si se daba por aludido, pero ni por esas, y ya no sabía si se hacía el sueco admirablemente bien o simplemente es que era un poco corto de entendederas.
Tanto esperó, y esperó, y esperó, que se dio cuenta de que tal vez no merecía la pena, que igual él era sólo otro de tantos de los que habían permanecido un tiempo corto en su corazón y podían ser extirpados sin temor a que quedaran cicatrices. De manera que se fabricó una coraza hecha de ilusiones, de “no me importas” y de “soy feliz de todos modos”, y dejó que todo lo que sentía se quedara dentro, y lo que sentían los demás le rebotara como una piedra en el canal Saint Martin. Y así sigue ahora, esperando por si algún día él mueve ficha o entra un nuevo jugador en la partida, pero yo creo que pueden crecerle las hiedras esperando.

Psychoanthropic ilussion

Y tanto me busco sin encontrarte que pierdo el Norte y no sé soñar

Thought of You from Ryan J Woodward on Vimeo.