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domingo, 30 de octubre de 2011

New Beginning

El tiempo es mutable, nos ha hecho creer que han transcurrido mil vidas desde que nos conocimos, desde que en aquella locura establecimos una conexión y soñamos con un nuevo comienzo para ambos, una oportunidad que el destino nos da para intentar ser felices... O quizá es todo una ilusión y no hago más que divagar, construir castillos en el aire creyendo que eres esa persona que empiezo a dudar que exista. Y aún así, mi corazón me dice que una parte de mí permanece contigo, y la otra te echa desesperadamente de menos, añorando tu voz y el tacto de tus labios sobre mi piel.

domingo, 23 de octubre de 2011

Weekend in heaven...

Visitaré mil y un mundos a través de tus besos, hundiéndome en el pozo de tu mirada. Dibujaré mapas de luz sobre tu piel, para dejarme caer en forma de río y fundirme contigo en un nido hecho de telarañas donde nadie nos pueda encontrar. Dejaré que te anudes en mi cabello para tener la seguridad de que no te vas a marchar, de que no eres un sueño, un delirio producto de mi mente atormentada. Y mientras derramas versos en mi oído en un suave susurro, yo coseré a mordiscos tu piel rezando en silencio a unos dioses ya olvidados para que jamás te alejen de mi lado.



"Tus ojos dicen más de ti que un millón de palabras, y son mas hermosos que su peso en versos"


lunes, 10 de octubre de 2011

Zwei 2.0

Porque al igual que las cosas malas vienen de dos en dos, las cosas buenas también suelen venir en parejas, para compensar.

Siento tu mano entrelazada con la mía, entre una maraña de cuerpos vibrantes. Tus dedos acarician los míos como por casualidad, ocultos en una lluvia de alaridos y retumbar de tambores. De vez en cuando nos aferramos el uno al otro, cogiéndonos con fuerza, como náufragos en este mar tumultuoso, fundiéndonos a través de ese infinitesimal contacto. También puedo percibir el calor de tu piel febril a través de mi propio cuerpo, que se pega a tu espalda buscando un punto de apoyo en el fragor de la tormenta. Los relámpagos de los focos me ciegan, tengo la nariz repleta de efluvios humanos: Sudor, adrenalina, sangre ardiente. Como yo misma, que me siento como alguna especie de antorcha que tremola y se ondula en un grito de éxtasis. Como tú mismo, que me miras y sonríes con la frente perlada de sudor, una mano aún cubriendo la mía, la otra colonizando casi imperceptiblemente mi cintura. Nos unimos en un mismo aullido, nuestras gargantas rogando clemencia, una ilusión demente en la que nos adentramos enfebrecidos hasta que nos abandona la cordura, con la sola seguridad de que volveremos a la realidad tras experimentar un enajenamiento pasajero, efímero, un ulular del alma.