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martes, 14 de mayo de 2013

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"Hoy vi a alguien que se parecía a ti. El mismo cabello, los mismos ojos velados por la niebla. Un torques de plata. Y durante un segundo se me paralizó el alma y contuve la respiración, por si eras tú. Pero no lo eras. Me odié a mí misma, por buscarte y por seguir amándote, a pesar de todo. Y entonces comencé a esbozarte mentalmente, maldiciéndote por dentro y regodeándome en mi infelicidad. Primero la delicada forma de las orejas, los ojos aquilinos e insondables, entornados. La nariz fina y ganchuda, como de ave de presa. Los labios sensuales, los dientes tentadores. Una sombra de barba en el mentón fuerte. Extremidades flexibles, pero más fuertes de lo que aparentan. Manos grandes y dedos largos y finos, que tantas veces he visto trenzar mis cabellos. 
Y al recordarte no conseguí comprender cómo pude haber pensado que eras tú aquel con quien mis ojos se habían cruzado. Porque habría sido como intentar buscar en una mala hierba los pétalos de una azalea."